Hijo de Enoc – Extracto final

Hijo de Enoc – Extracto final

 

Hecha la presentación, y una vez se sabía la trama, hubo una ronda de preguntas y en general al parecer tuvo muy buena acogida por todos los de la sala; se vendieron y firmaron muchos ejemplares. Yo también compré uno y también me acerqué a que me lo firmara, comentarle de paso que pensaba y sobre todo, conocerle.

-Rótuar, soy Yussé, encantado –le dije dándole la mano.

-Igualmente Yussé –dijo él respondiendo a mi saludo.

-La verdad es que creo que este libro se basa mucho más en hechos reales que en ficticios –le dije mientras me escribía la dedicatoria.

-¿Sabes? Creo que has entendido muy bien de qué va el libro, me alegro mucho. Espero que te guste. Muchas gracias por tu compra –dijo Rótuar cortésmente a la vez que me sonreía.

-Muchas gracias a ti por escribir –concluí con sinceridad.

Me dio la mano entonces, cogí el libro y salí de la librería en dirección hacia la scooter.

Eran las 21:17 y la presentación acababa a y media. Esperé bastante ansioso sentado en la scooter, haciendo como que mandaba mensajes con el móvil para disimular, pendiente minuto a minuto de la hora, hasta que fueron las 21:30 y entonces, al levantar la cabeza, efectivamente allí estaba Rótuar saliendo con cierta rapidez, presionado por sus dos guardaespaldas. Saludó a todo el mundo mientras salía de la plaza y toda la gente le despidió con mucho ímpetu, empezando a irse esta segundos más tarde, momento en el cual le perdí de vista mientras se adentraba en una calle que daba a la zona sur de la plaza.

Era el momento: arranqué la scooter y aceleré moderadamente. Me acerque al final de la plaza muy lentamente, medio posando el pie en el suelo todo el rato como que estaba esperando a alguien para llevarle, en parte para disimular y en parte por lo lento que iba; me acerqué un poco más y empecé a entrar por la calle por la que lo había hecho Rótuar. Conduje muy despacio hasta el final, y les observé. Estaban bastante lejos en verdad, ya que andaban muy rápido y yo iba muy lento, así que los guardaespaldas no se giraron en ningún momento ni hicieron nada raro, por tanto no debían sospechar que nadie les siguiera.

Anduvieron un poco más y de repente cambiaron de dirección bruscamente, cruzaron la calle y bajaron unas escaleras hacia un aparcamiento. Pensé que quizás sabían que les seguía, pero me daba igual, pensaba seguir adelante pasara lo que pasara. Fui hacia un lado de las escaleras con la scooter lentamente para que cuando llegara ya hubieran bajado, y efectivamente, cuando llegué y me asomé a estas no vi a nadie. Bajé entonces de manera silenciosa pero muy rápida, parando en todas las plantas para asomarme y ver en cual estaban: en la primera no había nadie, en la segunda, vi a una pareja y a un par de individuos, entonces bajé a la tercera muy rápido, aunque frené en seco antes de atravesar la puerta hacia el aparcamiento, la cual se encontraba abierta. Estaba seguro de que era ahí, tenía que ser esa planta.

-Joder no puedo haberlos perdido –pensé algo desconcertado-. ¿Y si saben que les sigo y me la han jugado?

Reconozco que empecé a emparanoiarme un poco, pues ya había entrado en el aparcamiento y no veía ningún movimiento. Nada, absolutamente nada, cuando de repente oí un coche arrancar.

-Joder, tienen que ser ellos –pensé convencido.

Vi que el coche para salir tenía que pasar por delante de mí, así que me escondí detrás del marco de la puerta. Miré de reojo, lo vi, y sí, eran ellos, allí estaba Rótuar.

Corrí escaleras arriba tan rápido como nunca había corrido y me subí a la scooter. La salida no estaba a la vista y para ser sincero no sabía por dónde se encontraba pero me daba igual, no estaba nervioso, sabía que todo iba a salir bien. Aceleré con fe y fui en dirección recta en busca de la salida del aparcamiento. Llegué al final de la calle y justo a la derecha la vi, allí estaba la salida. Miré alrededor por si resultaba que Rótuar había salido, pero no parecía que fuera así, por lo que seguí esperando como un minuto pero de allí no salía nadie.

Entonces salió un coche y fui a arrancar, pero no era Rótuar. No me desesperé, sabía que iba a salir, era un hecho, estaba totalmente seguro. Justo cuando perdí de vista el coche que acababa de salir, salió otro, yo arranqué con total seguridad antes de ver si era o no, y empecé a acercarme cautelosamente a la salida del aparcamiento.

Y efectivamente sí era Rótuar. Cogieron velocidad. Si no era rápido les perdería, así que pasé con la scooter por una zona peatonal para atajar, y aceleré, siguiéndoles disimuladamente con una gran distancia entre ambos para no levantar sospechas. No hubo problema durante un buen tiempo, pero cuando empezaron a alejarse de la ciudad y a ir por las afueras, el poco tráfico me hacía difícil el seguirles dada la velocidad que cogían, y sobre todo se me complicaba hacerlo sin levantar sospechas dado que era prácticamente el único que iba por el mismo sitio que ellos, y probablemente el único que iba a esa velocidad. Pero tenía que seguir, no podía perderle habiendo llegado hasta ahí, estábamos ya muy cerca, estaba seguro, lo intuía, llevábamos mucho ya en la carretera y no podía vivir tan lejos.

Me escondí entre los pocos coches que iban por el mismo camino, pero tarde o temprano todos abandonaban la dirección por la que íbamos. Entonces el coche de Rótuar giró hacia la derecha en dirección a una zona de chalets; en ese momento había abandonado la carretera principal y ya no le “seguía” nadie salvo yo, que en verdad era el único que lo hacía. Supe que estábamos muy cerca, era uno de esos chalets, estaba claro, así que en vez de girar como ellos, frené, aparqué la scooter rápidamente, me bajé, me quité el casco y eché a correr en su dirección.

Entré corriendo a la zona de chalets y vi su coche alejándose a través de la larga calle. Lo estaba perdiendo de vista así que eché un ligero aunque pequeño sprint, pues según me acerqué vi que el coche iba bastante lento; sin duda alguna uno de esos chalets era su casa. Reduje entonces la velocidad drásticamente y empecé a correr como si estuviera haciendo footing como cualquier vecino. Unas pocas zancadas más y alcanzaría al coche, así que decidí meterme en el jardín de un chalet situado enfrente, que tenía abierta la puerta exterior, a unos metros antes de donde se encontraba el coche.

Haciendo como que vivía allí, me dirigí a la puerta de la casa para fingir que entraba y me quedé escondido intentando escuchar. Durante un minuto no oí nada, pero seguí allí con atención y entonces oí cómo se cerraban las puertas de un coche. Eran ellos bajándose, estaba seguro. Me agaché y me puse junto a la puerta del jardín mirando a través del vallado. Una enredadera cubría toda la puerta así como el recinto entero que rodeaba el jardín, así que pude mirar tranquilamente por un pequeño hueco que dejaba libre la planta, sabiendo que iba a ser muy difícil que me vieran. Y sí, eran ellos pero solo estaban Rótuar y uno de sus guardaespaldas, por tanto el otro debía de estar aparcando.

Mientras tanto, a Rótuar y a su otro guardaespaldas les vi entrar en un chalet que estaba justo dos más allá enfrente del que me encontraba yo. Allí vivía Rótuar, todo había salido perfecto.

Era hora de irse, pero esperé unos minutos más a que entrara el otro guardaespaldas en la casa y entonces me fui de manera silenciosa. Eran más de las diez, así que cogí la scooter y fui a cenar algo a un bar: comí tranquilamente, bebí bastante agua y visualicé una y otra vez lo que estaba por venir, y cuando lo vi con total claridad pagué y me fui, recién entrada la medianoche.

Tomé la scooter y me dirigí hacia la casa de Rótuar. Aparqué justo en el mismo sitio, me puse un pasamontañas negro, me cambié las zapatillas, me puse un pantalón táctico negro, unas botas tácticas negras también y, encima de la camiseta, un chaleco antibalas del mismo color que había comprado unos meses atrás, muy básico, pero más que suficiente para lo que lo necesitaba. Cogí el P.E.M., un bastón telescópico, unas gafas binoculares sencillas de visión nocturna, una piedra que tenía guardada del tamaño del puño para hacer un señuelo si encontraba la oportunidad, una cuerda que cogí para el mismo, y por último unas bridas.

Guardé la mochila entonces y me dirigí agazapado a casa de Rótuar, sin duda alguna era la hora de actuar.

 

Este extracto se encuentra protegido bajo la licencia (CC BY-NC-ND 4.0), puedes consultar los detalles de la misma a través del siguiente link:

https://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/4.0

 

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